Registrado: Jun 18, 2006 Mensajes: 23459 Ubicación: Hospiwood,condado de los Estados Desunidos de España.
Estado: Desconectado
Publicado: Fri 01 Aug, 2008 01:15 Asunto: BERTO ESCRIBE EN EL DIARIO "PUBLICO".
Berto. Showman
'Libre', el cuaderno de agosto de ‘Público’
Al colaborador y sustituto veraniego de Andreu Buenafuente se le acumula el trabajo este agosto. Además de quedarse al frente de ‘Buenafuente ha salido un momento...’, el humorista escribirá una columna cómica en la contraportada del suplemento veraniego. También escribirán en ‘Libre’ Ernesto Sevilla y Marta Nebot.
Público lanza mañana Libre, una nueva revista de verano que contará a diario con 16 páginas de información sobre cultura, ocio y consejos para acertar este agosto con las lecturas más interesantes, las mejores películas, series, música, videojuegos...
El suplemento dedicará a diario dos páginas en exclusiva a recomendar el mejor ocio y la mejor cultura. Será en la sección Descarga, en la que un famoso aconsejará un libro bueno, desaconsejará uno malo y contará cuál es el que se lleva a la playa. Rafael Reig dará la réplica a la elección hecha y hará un retrato del personaje. Otros famosos propondrán su viaje ideal en cuatro días.
La música también tendrá su hueco con la recomendación de diez canciones para abrir los oídos a las novedades. Libre ofrecerá además dos visiones sobre el cine de verano: las que darán sobre una misma película el clásico palomitero y el siempre interesante gafapastas intelectual.
Vivir con 30 euros
En la sección Terraza de verano, el fotógrafo Joan Costa ofrecerá una visión particular del veraneo en cuatro ciudades diferentes: Santander, Ibiza, Benidorm y Marbella.
Por su parte, los periodistas Javier Salas y Mar Centenera serán los trotamundos víctimas de la última crueldad de la redacción: se pasarán los 31 días de agosto por las fiestas populares de media España con sólo 30 euros diarios en el bolsillo para comer, dormir y viajar. De gorra, claro.
Pero el suplemento no se olvidará de aquellos que trabajan mientras los demás están de fiesta. Habrá entrevistas a los curritos que dan el callo para que los demás descansen.
El humor estará muy presente en un cuaderno con colaboradores como Berto o Ernesto Sevilla y con las viñetas de Darío Adanti –diaria–, Gallardo, Kim, Niño Rodríguez y Altan.
Sexo y espionaje
La sección Que lo sepas contará con un diario de investigadores y científicos, una ficción científica de Carlo Frabetti, historias sobre el sexo en el antiguo Egipto, sobre espionaje, textos misteriosos, divulgación de temas marinos o conductas playeras sexuales.
Publicado: Sun 24 Aug, 2008 10:00 Asunto: Re: BERTO ESCRIBE EN EL DIARIO "PUBLICO".
05/08/08
Mercadillo Els Encants Vells, Barcelona. Olivier, Rafel y yo asistimos boquiabiertos a la perorata de un vendedor ambulante. Glosa las virtudes de un instrumento de cocina: "Pela-trincha-raspa-corta", haciendo especial hincapié en que está hecho de "auténtico plástico". Reconfortados porque alguien valore por fin en su justa medida tan noble material continuamos con nuestra búsqueda. Olivier ha sido invitado a una fiesta de disfraces temática (tres palabras que juntas presagian el horror). El tema es: personajes históricos famosos. Insiste en que le acompañe pero alego un compromiso previo. Le oculto que preferiría arrancarme mis propios intestinos antes que acudir.
El iría de Aquiles, y como es minucioso en el detalle histórico hasta la náusea, busca materiales para construirse un casco troyano y un linotórax, la coraza que vestían los guerreros. Rafel viene porque tiene previsto rodar un corto casero de ciencia ficción y me he ofrecido a construirle las armas con materiales de mercadillo. Detallo la compra: Olivier: un caso de bici roñoso. Yo: una radio estropeada y pistolas de juguete. Más tarde, mientras repasamos la compra frente a unas birras, Olivier desprende una cinta putrefacta de plástico sudado de su casco. Se dispone a tirarla. Tercio: "Si no la quieres, dámela, y la uso en las pistolas, de embellecedor". Olivier recapacita: "Eehhh... no, no. La usaré para el linotórax". "Pero ibas a tirarla. Y es demasiado moderna para el linotórax". "No, bueno, eeeh... Quizás para la sandalia..." Discutimos. La tensión aumenta. Hasta que Rafel estalla: "¿Queréis parar? ¿No veis que os estáis peleando por un pedazo de m-----?". Tiene razón, pero se le escapa un detalle: la cinta era de "auténtico plástico".
09/08/08
Un amigo me ha regalado unos tirantes, que no voy a usar jamás. Sólo he sujetado los pantalones con tirantes una vez, en una de las experiencias más patéticas de mi vida. Tenía yo siete años y fui vestido con unos coquetones tirantes azules con estrellas de fantasía sujetando unos pantalones cortos de tergal y una camisa color crudo. Si algún día hablo de mi vestimenta usando en la misma frase las palabras coquetón, fantasía, tergal y crudo, o bien he sido poseído por un demonio modista, o estoy experimentando los primeros síntomas de demencia.
Sigo. Con mi nueva imagen de mini-broker de bolsa, me dispuse a hacer mis necesidades. Mayores. ¿Me explico? Iba a representar ópera, no género chico (un inteligente símil que evita el uso de la palabra cagar, sin duda ofensiva en las sacrosantas hojas de un diario). Bien, no estando acostumbrado yo al nuevo sistema de sujeción, llevé a cabo el proceso a la manera estándar: bajada de pantalones y calzoncillo, sentada, expulsión, incorporación, subida de pantalones y calzoncillo y, he aquí la novedad, puesta de tirantes, que noté que me colgaban. Y aquí viene el trauma: la mala fortuna, o el azar, quiso que la parte trasera de los tirantes, esa coquetona crucecita de estrellas de fantasía sobre fondo azul, hubiera quedado suspendida en la taza, por debajo mío, a modo de receptáculo en el que había quedado depositada una pequeña porción del bel canto.
El citado movimiento mecánico y ascendente la estampó contra mi espalda. Mi entrada en el comedor ante mis padres, mi hermano y unos familiares fue de antología. Las emociones bascularon entre el estupor, la sorpresa, el desconcierto, la repugnancia y, ¿por qué no admitirlo?, la fascinación. Gracias por el regalo, pero va a ser que no.
13/08/08
Ella y yo entramos en el restaurante. Hoy no nos apetece cocinar. Junto a la puerta, una pila de bandejas. Tomamos una cada uno y pasamos a una nevera-mostrador que contiene ensaladas y platos combinados, todos ellos en sus respectivas cajas higienizadas, con su correspondiente precio. Escojo ensalada griega y pollo teriyaki con acompañamiento de arroz basmati. Teriyaki y Basmati, dos nombres que, escuchados hace cinco años, no habría dudado en atribuir a un emperador japonés y a un demonio sumerio. Para calentar la comida, un microondas. Meto el pollo. Minuto y medio. Ping. Pasamos a la zona de las bebidas. Botellas de plástico de agua de diferentes marcas y refrescos. Cojo agua. Y tomo un vaso. De ahí a los postres: raciones individuales de pastel y yogur, en vasitos sellados. Escojo yogur con frutas del bosque. Cubiertos de diseño, desechables, de plástico. Servilletas de papel. Pasamos por caja. 12 euros con cincuenta por cabeza. ¿Café? Por supuesto. Me da una ficha y señala una cafetera automática. Pasamos al comedor. Mesas y bancos como fichas planas de tetris. Desprecinto la botella de agua y la vierto en el vaso. Desprecinto la ensalada, el pollo y los cubiertos. Mastico y trago. Desprecinto el yogur. Lo remuevo para mezclarlo con las frutas del bosque. Trago. Voy por el café. Coloco la taza en la máquina e introduzco la ficha. Selecciono café solo. Abro un sobre de azúcar. Tomo una paleta desechable, remuevo y bebo. Nos levantamos para irnos cuando la chica de la caja indica con la cabeza un cubo de basura de vivos colores. Acudimos a él con las bandejas. Tres agujeros: orgánica, plástico y papel. Tiramos la basura según sus características. Ella y yo salimos del restaurante. Hoy no nos apetecía cocinar. E intuyo que a ellos tampoco.
17/08/08
Tras la cena, Tom y yo nos despedimos de Alfred, y entro en su habitación a recoger los abrigos. Hay un bulto sospechoso bajo la cama. Tiro de él: un cadáver cabezón de tez grisácea y ojos almendrados envuelto en film transparente de cocina. Grito. Alfred balbucea algo, pero el televisor nos calla. Mensaje urgente del presidente Montilla. Seco, sin emoción, informa de una inminente invasión alienígena. Un detalle, sin embargo, nos hiela la sangre. Una gota de sudor recorre su frente. Va en serio.
Corremos a la calle, giramos la esquina y nos encontramos en un bosque cerrado. Es raro, pero lo que ahora me preocupa es tener el móvil casi sin saldo. Paro un taxi: "Al cajero automático más próximo. Rápido". Dice que el cajero más cercano está en Pekín. "Pues acelere.
El cajero está libre, todos los chinos en la calle absortos mirando al cielo. Por el rabillo del ojo veo los platillos descendiendo sobre el mundo y maldigo la lentitud del cajero. Introduzca código. Pulse aceptar. Espere por favor. Consigo saldo. Y parece que los extraterrestres van a hablar. Ahora me preocupa haber dejado a mis amigos en un bosque que antes no existía en plena invasión alienígena y haberme ido a Pekín. Les llamo, pero no hay cobertura. Los ovnis parpadean. El cajero no escupe la tarjeta. Forcejeo. La arranco. Corro a la calle. Cobertura, por fin. Llamo otra vez, ahora ellos comunican.
Atención. Suena el crujido de un inmenso megáfono conectándose. Paquito El Chocolatero a todo volumen. Abro un ojo. Continúan las fiestas de verano del barrio, las ventanas cerradas no amortiguan el estruendo y no tengo aire acondicionado.
Debí haber huido ayer, cuando aún estuve a tiempo.
20/08/08
A mi amigo Miquel le encanta comer conejo. Él no lo sabe, pero cuando me siento frente a él y le observo repelar los huesecillos con fruición, un escalofrío recorre mi columna. Cuando era un zagal, mi madre compró un día un par de conejos vivos en el mercado. A las diez de la mañana apareció por la puerta con ellos, para regocijo de los pequeños de la casa, mi hermano y yo. Obviamente le pedimos que nos dejara jugar con ellos, usando el método estándar infantil: "Déjanos jugar con ellos, déjanos jugar con ellos, déjanos jugar con ellos (ad líbitum)". Acabó accediendo.
Durante las siguientes tres horas compartimos juegos con nuestros nuevos amigos: Blanquito y Orejitas. Nombres de bautismo apresurado para una amistad improvisada. El reloj dio la una y mi madre nos reclamó a Blanquito y Orejitas. Se metió con ellos en la cocina, ignorando como pudo nuestro terror e inquietud: "¿Qué vas a hacer?, ¿qué vas a hacer?, ¿qué vas a hacer? (ad líbitum)". "Nada. Sobretodo no entréis en la cocina". Pero la cocina de mi casa nunca tuvo cerrojo (llámanos clásicos), así que sólo resistimos fuera un par de golpes sordos y otros tantos chillidos de dolor antes de acabar irrumpiendo. Blanquito aún se contorsionaba por los estertores de la muerte, desnucado boca abajo, colgando de un gancho por el pie. Orejitas, medio despellejado, se desangraba lentamente por uno de sus ojos. Yo lloraba, mi hermano se quedó blanco, mi madre gritaba y lloraba a su vez: "Pero, ¿por qué entráis?, ¿por qué entráis? (no ad líbitum, sólo dos veces)".
Más tarde, mi hermano y yo, mudos nos comíamos a nuestros amigos, y vivíamos nuestra propia versión de El milagro de los Andes. Que aproveche, Miquel.
23/08/08
Compartí piso con él durante casi un año. Fue en mis días de estudiante, hace ya casi diez veranos. Recuerdo que le gustaba tomarme el pelo de una manera muy peculiar. Sólo él lo hacía del siguiente modo. Pongamos por caso. Yo llegaba al piso y él soltaba: "Hoy me he comido un kilo de macarrones con tomate". Yo contestaba: "¿Ah, sí?" ¡Qué barbaridad!". Y él: "Que no, hombre. Que es mentira. ¿Cómo me voy a comer yo solo un kilo de macarrones? Que te lo crees todo". Y se partía de la risa. Otro ejemplo: yo volvía de clase a media tarde y me lo encontraba en el sofá, en bata: "Hoy no he ido a la facultad, no me ha dado la gana. Me he tirado toda la mañana aquí tumbado". "Vaya, qué huevos tienes". Y él: "Que no, hombre. Que es mentira. Claro que he ido, acabo de llegar hace un rato. Que te lo crees todo". Y se volvía a partir de la risa.
Así durante todo el año que convivimos. "Hoy he desayunado siete magdalenas". "Me he tomado cuatro cafés con leche". "No me he cambiado los calzoncillos desde el martes". "Ayer ligué con una alemana". "¡Hala!", "¡Qué curioso!", "¿Ah, sí?", "Me alegro". "Que no, que era broma. Que te lo crees todo". Nunca entendí por qué me colaba esas trolas. No tenía mérito, eran verosímiles. No entendía qué gracia encontraba en que me las creyera. Luego dejamos de vivir juntos y perdimos el contacto.
Durante todo este tiempo me he preguntado dónde le llevaría en la vida aquella curiosa actitud. Hace poco he vuelto a tener noticias de él, vía e-mail. Me manda recuerdos y me informa de que está trabajando en la administración pública. Le veo un cierto sentido. Aunque quizá ahora esté en casa partiéndose el culo pensando en lo crédulo que soy.
Puede publicar nuevos temas en este foro No puede responder a temas en este foro No puede editar sus mensajes en este foro No puede borrar sus mensajes en este foro No puede votar en encuestas en este foro